sábado, 18 de agosto de 2012
La Responsabilidad y la Culpa
Toda la gente tiene su secreta desventura. Todos poseemos demonios en nuestra forma de ser y algunas veces debemos esforzarnos para obtener lo mejor de ellos; por eso creo que lo más importante es recordar que nadie escapa al hecho de equivocarse de vez en cuando y que lo esencial es aprender de los errores y buscar siempre la alternativa más positiva.
Si cometí un error, mi vida no se destruye; solamente pago consecuencias y sigo adelante. Pese a todo, hay que reponerse y reeducar a los sentidos liberando al instinto y aprendiendo a escuchar aún a sus sugerencias más sutiles. Esta transformación no deja de ser dolorosa, cruel y destructiva de nuestra piedad y ternura para con nosotros mismos, aunque a la larga fortalece al ánimo y a la voluntad.
El temperamento más firmemente forjado surge de las experiencias más bruscas. Y si sacas tu propia fuerza, sin necesariamente perder contacto con tus semejantes, te fortaleces y sacas provecho de cada dificultad; creces un poco más. Porque sólo está perdido quien se da a sí mismo por perdido. Quien se abandona se abate más fácilmente; mientras que quien se esfuerza en mantener la propia personalidad puede soportar mejor las incomodidades y los dolores. Uno gana experiencia con cada nueva vivencia.
La resurrección eficaz y duradera es la renovación. Por eso perduran los que aprovechan el exilio en su propio interior para incubar una ideología nueva, en la que el pasado ha sido digerido y rehecho en formas distintas y generosas. Y es que la vida comienza todos los días y tiene muchas maneras de interpretarse; una de ellas es la responsabilidad, que es la capacidad de dar respuesta a todas las situaciones.
Siempre es mejor una actitud de comprensión y entendimiento, en lugar del juicio. Se trata de vivir en el presente, no en el pasado. Ver la realidad y no el juicio. Ésta es la diferencia entre la responsabilidad y la culpa. De este modo, se está siempre en paz, porque se es responsable, se es consciente de los hechos y las situaciones. La persona culpable no se siente responsable. La persona responsable no se siente culpable.
domingo, 5 de agosto de 2012
La importancia y la ruta del Dolor.
Por lo general, el ser humano cree que la salud, la felicidad y la libertad son regalos del cielo o, al menos, elementos obligados de la Naturaleza; sin embargo, cuesta mucho dolor merecerlas y conquistarlas. La paz no es un regalo de Dios, sino un deber arduo que hay que conquistar cada día a fuerza de gracia y de sobrehumano amor. En estos tiempos, el ser humano sabe muchas cosas pero no se conoce a sí mismo, por lo que también olvida que sin un mínimo de dolor no se pueden forjar los grandes estados de conciencia, personal y colectiva; que la vida se renueva siempre en el dolor.
Y es que si no se interioriza, si no se medita, se empobrece. Dentro del ritmo que la vida cotidiana nos imprime, es más que necesario intentar dos cosas: limitar el reloj y el espíritu binario, que irremediablemente matan a la espiritualización, a la fuerza humana. Es importante rescatar la mesura y la paciencia.
Supongamos que nuestra vida se complica, que padecemos un dolor. Un tormento es tanto más cruel por cuanto es grande el amor que lo dicta, entendiendo ese amor como la expectativa, la esperanza y el compromiso con el que asumimos una vivencia. Sin embargo, un ser humano realmente bueno escapa del infortunio. ¿Acaso el mal que nos ocurre nos impide ser justos, magnánimos, templados, prudentes, modestos y libres? . Supongamos que los demás nos lastiman, ¿en qué puede eso impedir a nuestro espíritu ser puro, sabio, sobrio y justo?.
Con frecuencia se olvida que el dolor nos educa a todos, nos iguala a todos y a todos nos redime. Es el único elemento que acierta a mirarnos con compasión. Y del mismo modo, se ignora la vena escondida de alegría, por lo menos de conformidad, que lleva en sí el contratiempo más duro, la más terrible adversidad. Y es que la existencia es un misterio total, mantenido a raya por el hábito y la costumbre. Sin embargo, la base de la verdadera paz es no eludir ninguna de las consecuencias de nuestra experiencia; no inquietarse porque se és, ni atemorizarse porque se deja de ser.
La vida no es una novela; es la vida. Y la vida es así: anverso de gloria, reverso de dolor. El olvidar este reverso es lo que lleva a las grandes catástrofes personales y sociales. Los seres humanos sabemos que es preciso repartir el bienestar entre todos. Pero también hay que repartir el dolor, buscarlo donde exista, beber el trago que a cada quien nos toca; y saber encontrar en sus heces, la fuente de la paz.
Para encontrarla, necesitamos ubicar y asimilar los recuerdos que estremecen, contentan o lastiman el corazón, hecho que requiere en no pocas ocasiones del perdón. Perdonar no significa olvidar, sino recordar sin dolor. Perdonar significa quitarle la carga emotiva al recuerdo, para entender y asimilar una experiencia y que, en su caso, nos lastime menos.
Otra manera de afrontar la existencia es la Resignación... Resignar... Resignificar... La asimilación y la adaptación implican humildad, recibir de la vida y la propia experiencia sin prejuicios para resignificar las vivencias, porque todo debe retomarse para crecer; o sea, aceptarlo para responder, ante todo, con tranquilidad y libre albedrío.
Morir al pasado para ubicarnos en el presente, esa es la única vida. La existencia requiere convertir la culpa en responsabilidad. Lo que no se repara se repite; y para repararlo, contamos con la intensidad de nuestras experiencias, porque la pasión estimula la reflexión.
Ante todo, el dolor es el antecedente necesario de la acción. El valor agregado del aprendizaje, antes de la acción, supera en mucho los costos de la sorpresa desagradable. Es necesario reparar para no repetir porque la comprensión del error pasado es esencial para construir la verdad futura.
martes, 24 de julio de 2012
El Valor, fundamento del Amor.
Sea cual sea tu destino sentimental, no pierdas el valor. Sobre todo, no vayas a creer que no habiendo conocido la felicidad del amor, ignoras por completo la gran felicidad de la existencia humana. Así tome la felicidad la forma de un río, de un arroyo subterráneo, de un torrente o de un lago, no tiene más que una sola fuente en los lugares secretos de nuestro corazón, y el más desdichado de los hombres puede formarse una idea de la más grande de las felicidades.
Hay en el amor una embriaguez, pero esa embriaguez no dejaría, en el fondo de un corazón grave y sincero, más que una gran melancolía, si no se encontrara en el amor verdadero, algo más seguro, más profundo, más inconmovible que la embriaguez; y lo más seguro, lo más profundo, lo más inconmovible que hay en el amor, es también lo más seguro, lo más profundo, lo más inconmovible que hay en una noble vida.
El menos favorecido de nosotros puede ser justo, leal, dulce, fraternal, generoso; el menos bien dotado puede acostumbrarse a mirar en torno suyo sin malevolencia, sin envidia, sin rencor, sin tristeza inútil; el más desheredado puede tomar no sé qué silenciosa parte, que no es siempre la menos buena, en la alegría de aquellos que lo rodean; el menos hábil puede saber hasta qué punto perdona una ofensa, disculpa un error, admira una palabra y una acción humanas; y el menos amado puede amar y respetar el amor.
Obrando así se inclina sobre la fuente ante la que van los felices a agacharse también en las horas ardientes de la felicidad. Muy en el fondo de las felicidades del amor, como en el fondo de la humilde vida del justo a quien el azar no ha querido sonreír, sólo son inalterables e inmóviles la justicia, la confianza, la benevolencia, la sinceridad, la generosidad. El amor da un poco más de brillo a esos puntos luminosos; y por eso es que hay que buscar el amor. La mayor ventaja del amor es que abre nuestros ojos para ciertas verdades pacíficas y dulces.
La mayor ventaja del amor es que nos da la oportunidad de amar y de admirar, en un objeto único, lo que no habríamos tenido ni la idea ni la fuerza de amar o de admirar en mil objetos diversos; es que así nos ensancha el corazón para lo porvenir. Pero en la base del amor más maravilloso, no hay más que una felicidad muy simple, una ternura y una adoración muy comprensibles, una confianza, una seguridad y una sinceridad muy accesibles, una admiración y un abandono muy humanos que, de la mano de la buena voluntad, todos podemos cultivar con un poco menos de amargura, un poco menos de impaciencia, un poco más de iniciativa, un poco más de energía.
viernes, 20 de julio de 2012
Las posesiones del Amor.
Hay a veces destinos tan completamente felices; pero si toda persona tiene más o menos el derecho de esperar uno semejante, haría mal en aprisionar su vida en esa esperanza. No puede más que prepararse para ser digno un día de un amor de tal género, y a medida que se prepare, su espera se hará más paciente.
¿No serías tú quien habría traído lo mejor que hubiera habido en el amor que echas de menos?. El alma no posee al fin más que lo que puede dar, ¿no es ya poseer un poco acechar incesantemente la oportunidad de dar?. No, no hay, creo yo, en esta tierra, felicidad más deseable que un admirable y largo amor; pero si no lo encuentras, lo que hiciste para ser digno de él, no se perderá para la paz de tu corazón, para la tranquilidad más valerosa y más pura de tu vida.
Siempre se puede amar. Ama admirablemente por tu cuenta y tendrás casi todos los goces de un amor admirable. Aún en el amor más perfecto, la felicidad de los dos amantes más unidos no es exactamente la misma, y, con toda certeza, el más bueno, será el que ame mejor, y el que ame mejor será el más feliz. No es tanto por la felicidad del otro sino por nuestra propia felicidad, que debemos hacernos dignos del amor.
No se imaginen que en las horas desgraciadas de un amor desigual, sea el más justo, el más sabio, el más generoso, el más noblemente apasionado quien sufra más. Casi nunca es el más bueno la víctima a la que hay que compadecer. No se es víctima del todo sino cuando se es víctima de las propias faltas, de los propios errores, de las propias injusticias. Por imperfectos que seamos, podemos bastar al amor de un ser maravilloso, pero el ser maravilloso no bastará a nuestro amor si no somos perfectos.
La vida puede traer hasta nosotros al gran amor, a una persona adornada con todos los dones de la inteligencia y del corazón, no nos daremos cuenta si no hemos aprendido a conocer y a amar esos dones en la vida real, y ¿qué es, después de todo, la vida real para cualquier persona, sino su propia vida?. Nuestra lealtad es la que florecerá en la lealtad de la amante; nuestra verdad es la que se apaciguará en su verdad y la fuerza de nuestro carácter será la que disfrute de la fuerza que se encuentra en el suyo. Pero una virtud del ser amado que no encuentre, en la entrada de nuestro corazón, una virtud que se le parezca un poco, no sabe a qué manos confiar la alegría de que es portadora.
lunes, 18 de junio de 2012
El Amor Ideal
Si buscan un gran amor, ¿creen posible encontrar un alma tan hermosa como sus sueños, si sólo sus sueños salen en su búsqueda? ¿Es justo ofrecer más que deseos, votos y sueños sin forma, y exigir, en cambio, palabras precisas y actos decisivos?
No se tiene ninguna probabilidad de encontrar el ideal fuera de uno mismo sino después de haberlo cumplido, hasta donde es posible, dentro de uno mismo. ¿Esperas conocer y retener a una alma leal, profunda, amante, fiel, inagotable; a una alma vasta, viva, espontánea, independiente, valiente, benévola y generosa, si no sabes tan bien como ella lo que son la lealtad, el amor, la fidelidad, el pensamiento, la vida, la espontaneidad, la independencia, el valor, la benevolencia, la generosidad?
Nada más exigente, nada más torpe, nada más ciego como la bondad, la belleza, la perfección moral en estado de deseo. Si quieres hallar el alma ideal empieza por parecerte tú mismo al ideal que buscas. No hay otro medio de obtenerlo. Y es justo que sea siempre así. A medida que su ideal se realice con el contacto de la vida se extenderá, se dulcificará y mejorará. Entonces descubrirán sin trabajo en lo que aman, lo que es verdaderamente hermoso, lo que es sólidamente bueno, lo que es eternamente verdadero en ustedes mismos; porque nada nos advierte tanto el bien que está en torno nuestro, como el bien que está en nuestro corazón.
Entonces, en fin, concederán menos importancia a imperfecciones que no herirán ya en ustedes la vanidad, el egoísmo o la ignorancia; es decir, a imperfecciones que no serán ya semejantes a las suyas; porque el mal que está en nosotros, es el que soporta con menos paciencia el mal que se encuentra en los demás.
Tengamos confianza en el amor, lo mismo que tenemos confianza en la vida. El pensamiento más funesto es el que tiende a desconfiar de la realidad. El amor no destruye en un corazón más que los objetos frágiles, y si lo rompe todo es porque todo era frágil en él. Hay seguramente, en el amor, como en el resto de nuestro destino, muchas casualidades felices o desgraciadas. El amor que resiste a los años está hecho de esos cambios deliciosamente desiguales, y en los cuales lo que se da es lo que se posee por fin, y lo que se recibe, lo que ya no se es el único en poseer.
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