martes, 25 de septiembre de 2012

Historia Visual.


Las letras: un regalo de ida y vuelta.


“Desde tierras distantes trajiste este cuaderno y desde tierras cercanas lo empiezo a llenar. Me gusta que las páginas vacías de este cuadernillo extranjero cobren vida con letras dirigidas e inspiradas por ti. Aunque aquí se desata una controversia: Un regalo es algo muy importante. Se regala algo con todo gusto y complacencia para que el beneficiario lo disfrute, lo use, lo incorpore a su actuar y, así, le dé sentido al obsequio. Asimismo, el destinatario se compromete a valorar el regalo, cuidarlo y tenerlo presente, ya sea atesorándolo o usándolo hasta que el regalo cumpla su vida útil. Yo soy partidario de esta última opción. Pero, ¿se debe devolver un regalo o a su vez volverse a regalar permitiéndole circular en un torrente de afectos, el cual es el flujo que inspira y da vida a los regalos?.

Existen muchos puntos de vista al respecto, basados en aspectos morales, educativos y materiales. Pero es aquí donde, en nuestro caso, existe la singularidad: Tú me obsequiaste este adorable cuadernillo y desde que lo ví, lo sopesé entre mis manos, aprecié la textura de sus hojas con las yemas de mis dedos, y observé tu rostro generoso, lleno de afecto y pasión por contribuir con material de escritura para mis ideas; supe que no podía escribir aquí, cualquier cosa. Al paso de los días, al apreciar sus bordes, en sus páginas vacías se acumulaban ya los recuerdos y las resonancias de nuestras charlas; entendí que las letras destinadas a este cuadernillo debían tener un sentido; ese sentido tenías que ser tú.

Lo demás ha sido dictado por mi intuición. Nunca he escrito un diario y tampoco tuve la intención esta vez. El corazón me dictó traer el cuadernillo conmigo todo el tiempo y prolongar en él mi diálogo contigo. ¿Qué escribiría aquí?. Algo muy similar al diálogo con mi conciencia y, tal vez, parecido a lo que plasmo en mi libreta de notas. Pero la libreta es como un careo conmigo mismo y el pensamiento en voz alta, mientras que en este cuaderno mis disertaciones estarán orientadas e inspiradas por ti.

Más allá de “las circunstancias mutuas, los caminos andados y el montón de historia que cada uno de nosotros lleva a sus espaldas”, que consignas en una de tus cartas, influyes y abarcas fibras vitales de mi persona, ocupas un lugar cercano regocijando a mi corazón y vibrando al unísono de mi mente; la encrucijada que nos mantiene unidos es especial y aún tiene mucho que dictar entre nosotros. No le temas, deja que el impulso te atrape y haz tu parte para enriquecer este puente, con los mismos elementos que has puesto para que surja.

Así es que y espero que no te enfades conmigo te regalaré a mi vez este cuadernillo extranjero, pero lleno de mis ideas, visiones y diálogos que mantengo contigo desde donde me encuentro. Este diálogo contigo inicia la vida de estas páginas y me acompaña con toda la intensidad de la memoria de mis sentidos y de mi alma.”


domingo, 23 de septiembre de 2012

Historia visual


Apuesta por la Felicidad


¿Se puede partir de cero después de haber invertido en una vivencia mucho tiempo, recursos, energía, expectativas y emociones? Sí, sí se puede; y además, se debe. El mundo tiene muchas voces y el alma tiene sus horas y momentos para cada cosa. En la vida, se da y se toma, se pelea y se disfruta, se ríe y se llora; y todo debe ser registrado. La existencia es producto de los valores y no de los sentimientos; es decir, es resultado de la responsabilidad personal y de las actitudes. Por eso es que se deben subordinar las emociones a la inteligencia.

Realizar pruebas piloto, a la hora de vivir, permite pequeños fracasos. Nuestra mayor debilidad consiste en rendirnos y la manera más segura de triunfar es tratar, siempre, sólo una vez más. La mayor experiencia espiritual de que somos capaces los seres humanos es siempre una reconciliación entre la razón y el respeto, un reconocimiento profundo de igualdad entre las grandes contradicciones. La acción y el cambio ocurren exclusivamente en el ser humano, y no pueden tener lugar con ayuda de teoremas, sino mediante la propia experiencia. Encarar la vida, tal cual es, es un buen camino para medir la propia personalidad y darse cuenta de las propias capacidades. Porque ante lo inevitable, están los valores de actitud. A todos nos toca experimentar etapas de vivir y etapas de sobrevivir.

Y aunque en el mundo actual reina una extraña confusión, una preocupación es como un sentido nuevo que se abre en nuestro espíritu y que nos permite percibir mil cosas, ignoradas para quien pasa distraído al lado del problema que nos obsesiona. Hay que aprender a apreciar las partes que la vida nos muestra; y, si es posible, apreciar el todo. En el momento en que uno comprende la conciencia, ésta surge. La ecuanimidad es la aceptación voluntaria de las cosas que nos son asignadas por la naturaleza global.

No podemos tener miedo a apostar por nuestra felicidad. Siempre se debe enriquecer nuestra propia verdad, porque hasta que la mente no sepa lo que es la felicidad, no podrá plantear objetivos claros. La felicidad es lo único que permite tener objetivos claros, y eso sólo se logra venciendo la negatividad.

Pero como la gente, en lugar de aprender de los golpes, llora por los golpes, nunca aprender a crecer. Sin embargo, ¿por qué, si en un momento se produce la desesperación, no debe darse en un momento la alegría? Comprender esto nos debe permitir vivir abiertos a todas las posibilidades. Esta conciencia genera e impulsa nuestro optimismo: la búsqueda de lo óptimo, de lo mejor, del desarrollo.

Uno tiene que saber quién es para poder construir; encontrar la esencia de nuestra vida para saber dirigir nuestros propios proyectos. Existe una actitud que consiste en descubrir en cada instante muchos aspectos de los objetos, lugares, personas y experiencias conocidas, en lugar de tenerlas por consabidas y de que la vista los relegue a la condición neutral; este hecho, esta actitud, se llama interiorizarse en las cosas y es una tarea de amor puro.

El espíritu, lo que es el espíritu, es como la luz; tan tranquilo y sensible, tan elástico y penetrante, tan poderoso e imperceptiblemente activo como este precioso elemento lumínico que se reparte sobre todas las cosas en la justa y exacta medida, y que las hace aparecer a todos con una encantadora variedad.

No debemos temer ni creer ilícito nada de lo que nuestra alma desea de nosotros. Nunca se debe perder la confianza en la vida; ella sabe lo que hace. Pero se necesita serenidad; es decir, control de las propias emociones. No es algo que esté fuera de nuestro control. Creo en el amor, en la paz, en el pensamiento positivo. Mientras hay vida hay esperanza. En mi caso, nacida del amor, la tristeza y los presentimientos, creció la conciencia.


sábado, 18 de agosto de 2012

Historia visual.


La Responsabilidad y la Culpa


Toda la gente tiene su secreta desventura. Todos poseemos demonios en nuestra forma de ser y algunas veces debemos esforzarnos para obtener lo mejor de ellos; por eso creo que lo más importante es recordar que nadie escapa al hecho de equivocarse de vez en cuando y que lo esencial es aprender de los errores y buscar siempre la alternativa más positiva.

Si cometí un error, mi vida no se destruye; solamente pago consecuencias y sigo adelante. Pese a todo, hay que reponerse y reeducar a los sentidos liberando al instinto y aprendiendo a escuchar aún a sus sugerencias más sutiles. Esta transformación no deja de ser dolorosa, cruel y destructiva de nuestra piedad y ternura para con nosotros mismos, aunque a la larga fortalece al ánimo y a la voluntad.

El temperamento más firmemente forjado surge de las experiencias más bruscas. Y si sacas tu propia fuerza, sin necesariamente perder contacto con tus semejantes, te fortaleces y sacas provecho de cada dificultad; creces un poco más. Porque sólo está perdido quien se da a sí mismo por perdido. Quien se abandona se abate más fácilmente; mientras que quien se esfuerza en mantener la propia personalidad puede soportar mejor las incomodidades y los dolores. Uno gana experiencia con cada nueva vivencia.

La resurrección eficaz y duradera es la renovación. Por eso perduran los que aprovechan el exilio en su propio interior para incubar una ideología nueva, en la que el pasado ha sido digerido y rehecho en formas distintas y generosas. Y es que la vida comienza todos los días y tiene muchas maneras de interpretarse; una de ellas es la responsabilidad, que es la capacidad de dar respuesta a todas las situaciones.

Siempre es mejor una actitud de comprensión y entendimiento, en lugar del juicio. Se trata de vivir en el presente, no en el pasado. Ver la realidad y no el juicio. Ésta es la diferencia entre la responsabilidad y la culpa. De este modo, se está siempre en paz, porque se es responsable, se es consciente de los hechos y las situaciones. La persona culpable no se siente responsable. La persona responsable no se siente culpable.


domingo, 5 de agosto de 2012

Historia Visual.


La importancia y la ruta del Dolor.


Por lo general, el ser humano cree que la salud, la felicidad y la libertad son regalos del cielo o, al menos, elementos obligados de la Naturaleza; sin embargo, cuesta mucho dolor merecerlas y conquistarlas. La paz no es un regalo de Dios, sino un deber arduo que hay que conquistar cada día a fuerza de gracia y de sobrehumano amor. En estos tiempos, el ser humano sabe muchas cosas pero no se conoce a sí mismo, por lo que también olvida que sin un mínimo de dolor no se pueden forjar los grandes estados de conciencia, personal y colectiva; que la vida se renueva siempre en el dolor.

Y es que si no se interioriza, si no se medita, se empobrece. Dentro del ritmo que la vida cotidiana nos imprime, es más que necesario intentar dos cosas: limitar el reloj y el espíritu binario, que irremediablemente matan a la espiritualización, a la fuerza humana. Es importante rescatar la mesura y la paciencia.

Supongamos que nuestra vida se complica, que padecemos un dolor. Un tormento es tanto más cruel por cuanto es grande el amor que lo dicta, entendiendo ese amor como la expectativa, la esperanza y el compromiso con el que asumimos una vivencia. Sin embargo, un ser humano realmente bueno escapa del infortunio. ¿Acaso el mal que nos ocurre nos impide ser justos, magnánimos, templados, prudentes, modestos y libres? . Supongamos que los demás nos lastiman, ¿en qué puede eso impedir a nuestro espíritu ser puro, sabio, sobrio y justo?.

Con frecuencia se olvida que el dolor nos educa a todos, nos iguala a todos y a todos nos redime. Es el único elemento que acierta a mirarnos con compasión. Y del mismo modo, se ignora la vena escondida de alegría, por lo menos de conformidad, que lleva en sí el contratiempo más duro, la más terrible adversidad. Y es que la existencia es un misterio total, mantenido a raya por el hábito y la costumbre. Sin embargo, la base de la verdadera paz es no eludir ninguna de las consecuencias de nuestra experiencia; no inquietarse porque se és, ni atemorizarse porque se deja de ser.

La vida no es una novela; es la vida. Y la vida es así: anverso de gloria, reverso de dolor. El olvidar este reverso es lo que lleva a las grandes catástrofes personales y sociales. Los seres humanos sabemos que es preciso repartir el bienestar entre todos. Pero también hay que repartir el dolor, buscarlo donde exista, beber el trago que a cada quien nos toca; y saber encontrar en sus heces, la fuente de la paz.

Para encontrarla, necesitamos ubicar y asimilar los recuerdos que estremecen, contentan o lastiman el corazón, hecho que requiere en no pocas ocasiones del perdón. Perdonar no significa olvidar, sino recordar sin dolor. Perdonar significa quitarle la carga emotiva al recuerdo, para entender y asimilar una experiencia y que, en su caso, nos lastime menos.

Otra manera de afrontar la existencia es la Resignación... Resignar... Resignificar... La asimilación y la adaptación implican humildad, recibir de la vida y la propia experiencia sin prejuicios para resignificar las vivencias, porque todo debe retomarse para crecer; o sea, aceptarlo para responder, ante todo, con tranquilidad y libre albedrío.

Morir al pasado para ubicarnos en el presente, esa es la única vida. La existencia requiere convertir la culpa en responsabilidad. Lo que no se repara se repite; y para repararlo, contamos con la intensidad de nuestras experiencias, porque la pasión estimula la reflexión.

Ante todo, el dolor es el antecedente necesario de la acción. El valor agregado del aprendizaje, antes de la acción, supera en mucho los costos de la sorpresa desagradable. Es necesario reparar para no repetir porque la comprensión del error pasado es esencial para construir la verdad futura.


martes, 24 de julio de 2012

Historia Visual.



El Valor, fundamento del Amor.


Sea cual sea tu destino sentimental, no pierdas el valor. Sobre todo, no vayas a creer que no habiendo conocido la felicidad del amor, ignoras por completo la gran felicidad de la existencia humana. Así tome la felicidad la forma de un río, de un arroyo subterráneo, de un torrente o de un lago, no tiene más que una sola fuente en los lugares secretos de nuestro corazón, y el más desdichado de los hombres puede formarse una idea de la más grande de las felicidades.

Hay en el amor una embriaguez, pero esa embriaguez no dejaría, en el fondo de un corazón grave y sincero, más que una gran melancolía, si no se encontrara en el amor verdadero, algo más seguro, más profundo, más inconmovible que la embriaguez; y lo más seguro, lo más profundo, lo más inconmovible que hay en el amor, es también lo más seguro, lo más profundo, lo más inconmovible que hay en una noble vida.

El menos favorecido de nosotros puede ser justo, leal, dulce, fraternal, generoso; el menos bien dotado puede acostumbrarse a mirar en torno suyo sin malevolencia, sin envidia, sin rencor, sin tristeza inútil; el más desheredado puede tomar no sé qué silenciosa parte, que no es siempre la menos buena, en la alegría de aquellos que lo rodean; el menos hábil puede saber hasta qué punto perdona una ofensa, disculpa un error, admira una palabra y una acción humanas; y el menos amado puede amar y respetar el amor.

Obrando así se inclina sobre la fuente ante la que van los felices a agacharse también en las horas ardientes de la felicidad. Muy en el fondo de las felicidades del amor, como en el fondo de la humilde vida del justo a quien el azar no ha querido sonreír, sólo son inalterables e inmóviles la justicia, la confianza, la benevolencia, la sinceridad, la generosidad. El amor da un poco más de brillo a esos puntos luminosos; y por eso es que hay que buscar el amor. La mayor ventaja del amor es que abre nuestros ojos para ciertas verdades pacíficas y dulces.

La mayor ventaja del amor es que nos da la oportunidad de amar y de admirar, en un objeto único, lo que no habríamos tenido ni la idea ni la fuerza de amar o de admirar en mil objetos diversos; es que así nos ensancha el corazón para lo porvenir. Pero en la base del amor más maravilloso, no hay más que una felicidad muy simple, una ternura y una adoración muy comprensibles, una confianza, una seguridad y una sinceridad muy accesibles, una admiración y un abandono muy humanos que, de la mano de la buena voluntad, todos podemos cultivar con un poco menos de amargura, un poco menos de impaciencia, un poco más de iniciativa, un poco más de energía.