domingo, 27 de abril de 2008

La Razón: Guía del Sentimiento

La razón es la perfección por medio de la lógica. La lógica es la facultad que nos lleva a comparar. Hay verdades que sólo el sentimiento puede demostrar: son las verdades de los sentimientos. Hay verdades de lógica pura: todas las verdades matemáticas, por ejemplo. En las ciencias morales, una verdad del sentimiento desarrollada por una lógica natural da por resultado la razón, o una serie de verdades que perfeccionan a la sociedad y que prescriben reglas de conducta.

Hay una lógica universal, común a todas las naciones, a todos los siglos. La razón es como la verdad, como el sentimiento natural. Es preciso no confundirla con el prejuicio ni con la mentira. La razón es precisada por el sentimiento, del cual es la regla. El sentimiento es ardiente, vivo, precipitado. La razón se forma en la calma de las pasiones: ¿Llega la tempestad?. Entonces la persona recuerda resultados, principios de los cuales está imbuido, se modera y se guía.

Todo es posible a los ojos del sentimiento; de ahí esos fantasmas que la imaginación agiganta hasta lo infinito y que sólo la razón puede desvanecer. Lo que en realidad ha sido, es lo que és a los ojos de la razón. Lo que es, es lo que ella concibe posible. El humano no debe entregarse al impulso de sus sentidos sino en tanto le sea preciso para su conservación animal. Por el sentimiento gusta de los verdaderos placeres. La razón no sólo le asegura su duración sino, más aún, se los procura bastante vivos para merecer un lugar distinguido en el repertorio de sus gustos.

Todos los goces de la observación pertenecen a los de la razón. Por ellos, el ser humano se perfecciona. Un acto de perfección es un acto de fuerza, de poder. De ahí que el sentimiento de su excelencia impresione en tal caso agradablemente al individuo, y éste goce.

Por medio de la razón se prevé y se aconseja. La razón traza nuestros deberes y modifica el sentimiento de nuestros derechos; la razón prevé el futuro aprovechando el pasado. Si el sentimiento hace nacer a la sociedad, la razón la mantiene aún. La razón se desarrolla en el sentimiento natural y engrandece al alma.

El sentimiento solo, nos lleva a la virtud; el sentimiento exaltado por la razón nos lleva al heroísmo. Esta fuerza indomable, esta calma inalterable, es la perfección de la sabiduría. Si el estoico desprecia a la muerte, si aprecia el dolor, si lo sobrepasa y si lo desprecia al mismo tiempo, es por la fuerza de la razón. Si apaga en su corazón todos los sentimientos para dar curso solamente a los de la fuerza y la virtud, si no da nada a los sentidos, a la imaginación, al azar; si todo es en él fruto de la filosofía y de su deber, su vida es el reinado de la razón.

lunes, 31 de marzo de 2008

La Naturaleza: Lógica del Bienestar

El desarrollo desvinculado de los valores naturales genera concepciones erróneas y contrarias a la lógica de la Naturaleza y, por ende, a la lógica de la especie. Ello trae consigo un desorden interno y una confusión que confronta a los valores sociales con la tendencia natural al bienestar. Como resultado, una imaginación desarreglada es la causa, la fuente de todos los males de la especie humana.

El individuo desdichado y caprichoso no puede ser bueno. La rebelión contra los decretos de la naturaleza conduce al desorden, a la disipación menos reflexiva, y muchas veces a la hipocresía. La inquietud, el disgusto, la enfermedad, la muerte desoladora de la soledad, son la herencia de quien no cumple con las leyes esenciales.

Por eso es que, en las sociedades actuales, es necesario que no haya más autoridad que la ley. La seguridad de todos, la felicidad individual, dependen de la disposición del Código Penal; que la ley sagrada de los jurados reales sea adoptada. Si la felicidad y la libertad mismas vinieran a la tierra no dictarían, absolutamente, otra ley.

Nacemos desiguales en medios, sin duda, pero iguales en derechos. Pero si adoptan otros principios la base humana se desequilibra, languidece en la angustia y no tiene de la naturaleza, más que la apariencia.

Y como ya se ha visto, en varios momentos de la historia, si las naciones tienen el sentimiento depravado, todos los absurdos encuentran crédito, todos los crímenes encuentran defensores. Religión, legislación, moral, derechos, todo es un caos.

Así es que, si todas nuestras instituciones tienden a destacar en toda instrucción a este sentimiento de la conciencia, y él sabrá conducir a las personas a la virtud y a la felicidad. Nada de código de moral, nada de catecismo de probidad; no son más que palabras que es preciso enseñar a los pueblos; el sentimiento natural es el que hay que impedir que se corrompa.

domingo, 9 de marzo de 2008

El Sentimiento: primer ingrediente de la Felicidad

¿Qué es el sentimiento?. Es el vínculo de la vida de la sociedad, del amor, de la amistad. Es el que une el hijo a la madre, el ciudadano a la patria. Es, sobre todo, poderoso en el ser unido y sensible a la naturaleza. La disipación y los placeres de los sentidos embotan la delicadeza; pero en el infortunio, el individuo vuelve a encontrarla siempre: este agente consolador no nos abandona enteramente más que con la vida.

¿No queda clara esta explicación?. Sube a uno de los montes más altos, observa al sol elevándose gradualmente, llevar el consuelo y la esperanza a la cabaña del labrador. Que el primer rayo que lance sea recogido en tu corazón. Recuerda bien las sensaciones que disfrutarás. Desciende a las orillas del mar; observa el astro del día en su caída, precipitarse con majestad en el seno del infinito: la melancolía te dominará y te abandonarás a ella. No te resistas a la melancolía de la naturaleza.

Extravíate en el campo, refúgiate en la sencilla cabaña del pastor; pasa ahí la noche, acostado sobre pieles, con el fuego a los pies. ¡Qué momentos!. La media noche llega; los animales de los alrededores salen a pacer; su balido se confunde con la voz de sus conductores: es media noche, no lo olvides. ¡Qué momentos para entrar en ti mismo y meditar sobre el origen de la naturaleza, gustando las delicias más exquisitas!. No es absolutamente humano quien no haya gustado la dulzura, la melancolía, los estremecimientos que inspiran la mayor parte de estas situaciones.


Pero en la vida de diario parecen haberse perdido estas conexiones con el planeta. No son pocos quienes se quejan de la naturaleza, y se preguntan por qué hemos nacido!. Y sufren con impaciencia los males pasajeros. Asimismo, el ser humano considera hermoso rodearse de todos los bienes de la fortuna; sin embargo, en el momento en que sus sentimientos huyen de su corazón, el aburrimiento se apodera de él; la tristeza, le negra melancolía, la desesperación, se suceden, y si este estado perdura, se da la muerte.

Por el sentimiento, gozamos de nosotros mismos, de la naturaleza, de la patria, de las personas que nos rodean. Nos hace conmovernos ante el aspecto de las diversas alternativas de la vida. Nos transforma en amigos de lo bello, de lo justo, nos subleva contra el opresor, el miserable, el idiota y el malicioso. El mismo sentimiento nos inspira la Simpatía; ¿alguien te inspira respeto, confianza?. Son el respeto y la confianza del sentimiento.

Puesto que para ser feliz es preciso sentir; puesto que el sentimiento es la conmoción que nos afecta tan deliciosamente ante las perspectivas variadas de la naturaleza; puesto que el sentimiento que nos une al país, nos inspira el amor, la amistad, la gratitud; puesto que es el vínculo que une al humano a la inteligencia superior, al individuo a la sociedad, la persona a la persona; en consecuencia, por él y para él vivimos. Por tanto, se debe buscar, sobre todo, desarrollarlo, hacerlo crecer según el impulso del bien natural. Evitarás los obstáculos de todo tipo que lo apagan y destruyen, y hacen del hombre un ser ficticio, secundario, instrumento de otro y, a partir de entonces, de su desgracia.

Pero, ¿qué sentimientos se le deben inspirar?. Los de la naturaleza. Una pareja es necesaria al juego de nuestra organización biológica; pero lo es mucho más para la satisfacción del movimiento. Es la compañía de la naturaleza, hecha expresamente, modificada expresamente; que la reciba, por lo tanto, como tal y que, identificándola con su ser, llegue a serle inseparable. Que su corazón se expanda en su otro yo. Cuanto más fuertes sean contra los deseos desordenados, uno y otro serán más sensibles a los encantos de la vida. La dulzura de la unión corregirá las severidades de la quimera, hará más tierna la melancolía, los goces más variados, el sentimiento más abundante y más fértil aún.

lunes, 4 de febrero de 2008

La Naturaleza de la Felicidad

En la lógica de la especie, adaptada a la vida social, después de la inconciencia de la infancia, viene el despertar de las pasiones: el hombre elige entre sus compañeras de juegos a la que debe serlo de su destino. Sus brazos vigorosos, de acuerdo con sus necesidades, piden trabajo y una oportunidad para desarrollarse, de acuerdo con sus aptitudes, guías de su vocación.

Se contrastan intereses y necesidades contra estructuras y posibilidades: se hace evidente que se debe proveer de lo necesario. Es preciso alimentar, albergar y proporcionar sustento a una familia entera. Comienzan los problemas de la mantención: el pan faltará, el corazón se romperá a cada instante; la sensibilidad se rebelará; la razón se ofuscará: “¡oh, qué vida!. Viviré abatido, miserable, quizá pordiosero: ¡viviré desgraciado!. ¿He nacido para esto?”.

En busca de una explicación lógica, se busca, entre otros, al sacerdote depositario de la confianza y se expone las dudas; y el sacerdote responde: “Hombre, no reflexiones jamás sobre la existencia de la sociedad... Dios conduce todo, abandónate a su providencia... Esta vida no es más que un viaje... Las cosas son aquí hechas por una justicia cuyos decretos no debemos profundizar... Cree, obedece, no razones y trabaja: he aquí tus deberes....” Pero un alma altiva, un corazón sensible, una razón entera, no pueden quedar satisfechos con esta respuesta. Las dudas y las inquietudes aún la acosan. Se busca a los sabios más instruidos, encontrando en ellos respuestas similares, en las que la injusticia y el rendimiento a ultranza encuentran justificación y dictan visiones distintas a las del sentido común.

Se manifiesta entonces el mecanismo de las sociedades, en contraposición a la tendencia natural inspirada por la justicia y la igualdad. Es la trama de la competencia, de la sobrevivencia, que destapa el lado contrario a la lógica del bienestar y la tranquilidad, como requisitos de vida. Sin embargo, el carácter sagrado de la naturaleza se haya trazado en ti con toda su energía: consérvalo siempre para vivir feliz y fuerte. Para vivir es preciso sentir y razonar, y, en consecuencia, no estar dominado por la necesidad física.¡La familia y los amigos son los mejores elementos para llenar la vida del corazón!. ¡Cuídate solamente de la avidez de las riquezas!. Las riquezas no influyen en la felicidad, sino en tanto nos procuraron o nos niegan lo físicamente necesario. Pero si tienes lo suficiente y el hábito del trabajo, debes saber gobernar tu imaginación. Entre un alma ardiente y una imaginación desarreglada no hay sino que poner la razón de por medio.

La felicidad está especialmente en la posición y en el estado de equilibrio, porque es el de la razón y el sentimiento. Hay que ser humano, pero serlo de verdad: Vivir dueño de sí: sin fuerza no hay virtud ni felicidad. Estos sentimientos valores sólo los reúne la Naturaleza para el beneficio y la consolación de la especie.

La persona a quien las leyes no han dado la oportunidad de ser feliz, el individuo que no tiene interés en el mantenimiento de la ley civil, es el enemigo. Por eso ha sido preciso, en el desarrollo de las sociedades, asegurarle una porción de propiedad a fin de interesarlo; y a falta de esto, fue preciso excluirlo como a un ser envilecido, embrutecido, y por ello incapaz de ejercer una parte de la soberanía... He aquí una razón política, sin duda. Pero es aquí donde comienza la larga cadena de injusticias e inequidades. El hombre feliz es el único digno de la Naturaleza. Se trata de recuperar la lógica vital de la Humanidad, como especie: los elementos y las condiciones que, como parte del planeta, el ser humano plantea y requiere para su desarrollo natural: el estado de Felicidad.

Sin pareja, no hay salud ni felicidad. Que el humano aprenda que su verdadera gloria es la de vivir como humano; que a su voz se callen los enemigos de la naturaleza; que el ministro de la más sublime de las religiones, que debe llevar palabra de consuelo al alma entristecida del infortunado, conozca las dulces emociones de la efusión; que el néctar de la delicia lo transforme en sinceramente penetrado de la grandeza del autor de la vida, como verdaderamente digno de la confianza pública, y será el hombre de la naturaleza y el intérprete de sus decretos. Que escoja una compañera: ese día será el verdadero triunfo de la moral, y los amigos verdaderos de la virtud lo celebrarán de corazón; el sacerdote sensible bendecirá los tiempos de la razón gustando las primicias de sus beneficios.

lunes, 21 de enero de 2008

Axiomas para vivir en el Presente
Notas para una teoría del “Aquí y Ahora”

El tiempo transcurre. La vida fluye. Los cambios son parte de una vida en desarrollo. Todo ser vivo debe, entonces, fluir, alcanzar etapas, cumplir metas y seguir en el camino. Resistirse a cambiar, intentar aferrarse a ideas, cosas, o personas, equivale a intentar vivir sin respirar o detener el cauce de la vida que fluye. Existen dos partes complementarias de la naturaleza humana: la sabiduría intuitiva y el conocimiento práctico, la contemplación y la acción social. Desde esta perspectiva, los seres humanos realizados se hacen, sabios por su quietud y exitosos por su movimiento.

A estas alturas del desarrollo humano, sociedades e individuos deben comprender con certeza su lugar en el mapa cósmico de la Naturaleza. Junto con los adelantos tecnológicos del nuevo siglo, la conciencia reclama el lugar que le corresponde al silencio y al pensamiento para equilibrar las políticas del miedo y el rendimiento que rigen la vida de diario. Se trata de un asunto de intuición y de valor, de confiar en la fuerza interna que nos une con el fluir de la vida. Si el ser humano no puede confiar en sí mismo, en su propia naturaleza, entonces no puede confiar en nada ni en nadie; acaso esta es la causa de la gran confusión que reina en la vida de las sociedades modernas.

Hay que confiar en la naturaleza, humana y no humana, ya que es la misma, con su bien y su mal, con su bondad y su egoísmo. Pero para eso hay que recuperar y/o fortalecer los elementos que, en nuestra personalidad, nos permitan observar, comprender y afrontar la vida cotidiana, de manera más espiritual; esto es, guiada por la reflexión y la sensibilidad. Esa personalidad propuesta por el sentido común debe ejercer la sencillez, la humildad, el silencio, la compasión y, en general, el rechazo a tomar en serio la agresividad, la codicia y la presión. ¿Cómo podemos alcanzar una personalidad similar?. Una ruta es enfocar cambios de actitud en la vida de diario, para alcanzar un estado de tranquilidad y visión personal llena de certeza. Esos cambios de actitud pueden denominarse: “Axiomas para vivir en el Presente”:

La Calma-Dominio
Una vez que la persona ha logrado tranquilizarse en su interior, puede dirigirse hacia el mundo externo. Ya no verá en sí la lucha y el torbellino de los seres individuales, y poseerá la verdadera quietud necesaria para comprender las grandes leyes del acontecer universal y el modo apropiado de actuar. Quien actúa partiendo de esta posición, no cometerá ninguna falta.

La Tranquilidad (Aquí y Ahora)
“Aquí y Ahora” para no olvidar que se vive en el presente y no perderse recordando lo que ya sucedió e imaginando lo que está por suceder. Porque aunque no se experimente el presente, se vive el presente porque el aquí y ahora es lo único que hay, aunque escurridizo; porque no es estático, cambia. Uno debe cambiar también para sintonizarnos con el presente. Para cambiar se necesita practicar la simplicidad, la no interferencia, el desinterés, la quietud.

Por lo general, no nos damos cuenta de la tremenda contradicción que existe entre nuestros pensamientos y palabras, que tratan de ideas fijas, y la constante transformación de todas las cosas. Tal parece que nos hemos impuesto la tarea imposible de extraer fijezas del desarrollo. Nos olvidamos de que las palabras y los pensamientos no son el hecho real, sino símbolos o sonidos e imágenes que significan algo pero que no lo son. Tomamos el mapa por el territorio. Las palabras se utilizan para transmitir ideas; cuando las ideas son captadas, las palabras se olvidan.

Conexiones
Es lógico pensar que si todo es parte de todo (Holismo), que todo está interrelacionado, nosotros, como seres humanos, también lo estemos entre nosotros mismos. El estado de mente receptiva o abierta nos permite los pensamientos y las vibraciones, agresivas o positivas, de las personas, lo cual nos permite, en muchos casos, controlar la situación, ejerciendo el control sobre nosotros mismos.

Lugares de poder
El medio en donde te encuentras afecta definitivamente tu vida. El lugar donde decidas vivir puede definir tu vida o tu muerte. Hay personas que son atraídas no sólo por una ciudad sino a lugares específicos dentro de ella, con base en los valores e intereses que puedan tener. Lo ideal es que puedas vivir en un espacio que te de fuerza. Por eso es necesario que desarrolles la sensibilidad, para poder descubrir cuál es el sitio que te dará el poder del bienestar.

Sentido del humor
Para poder reír verdaderamente, es necesario soltarse, dejarse ir. La capacidad de tener sentido del humor, aún en situaciones peligrosas, te permite estar relajado y actuar con armonía. El humor es el antídoto para la ira y puedes, incluso, evitar un enfrentamiento, si eres provocado.

No al miedo
Desprendiéndose del miedo se puede cambiar la vida. El miedo contrae los músculos, altera la voz y crea pensamientos de inseguridad. Es bueno relajarse cuando se siente miedo. El miedo hace huir de las situaciones que presenta la vida y, por lo tanto, impide realizarse como ser humano. La manera de abrirse camino es abordando las situaciones, usando la sabiduría intuitiva para ir superando los obstáculos.

Cuando una persona pretende intimidar tratando de imponerse sobre los demás, lo más probable es que esta persona sea víctima del miedo y que su actitud sea sólo una forma de esconderlo. En este caso, lo que se debe hacer es utilizar la misma fuerza agresora y hacerla regresar a su lugar de origen, para que el agresor acabe siendo afectado por su propia acción. Otra manera de vencer al miedo es no sentir odio hacia nadie.

La madre del mal es la ignorancia. Quien actúa con maldad es porque no sabe; por lo que hay que tener compasión por los ignorantes-maliciosos. Cuando se tiene razón, cuando se actúa correctamente, con responsabilidad, se cuenta con la fuerza de la razón y, en la mayoría de los casos, la fuerza estará de su lado. Es preferible valernos de nuestra intuición porque el miedo no nos ayuda a desarrollarnos, sino que nos bloquea el flujo de energía

El miedo también se vence con el Amor, el cual desbloquea y relaja. De este modo, el miedo se disuelve y uno descubre que una gran parte del temor es puramente psicológico, imaginario.

Dejar las cosas en su lugar
No interferir significa asumir una actitud receptiva en la vida. Receptividad significa no interferencia y esto indica no imposición. Es decir, no pretender imponer, por ejemplo, puntos de vista o formas de ser, a otros. Las cosas se deben dar suaves y sin forzarlas, ya que si se tiene que presionar algo para que suceda, sólo indica que todavía no es tiempo para esa acción. Es mejor seguir y dejar que las cosas maduren solas; así se evitará forzarlas y esforzarse innecesariamente.

La Humildad
La humildad indica sabiduría y no puede existir la sabiduría sin humildad. Se tiene que aprender a bajar la cabeza, no en forma servil, sino con una actitud flexible y receptiva ante la vida, sin querer imponerse. Aceptar lo bueno y lo malo que ofrece la naturaleza por medio de sus ciclos: de frío, de calor, de lluvia y de sequía, mediante los tiempos de abundancia y de carencia. La humildad sola no servirá de mucho si no se acompaña de las otras prácticas como el desapego, la sencillez, el desarrollo de la intuición, la compasión, la austeridad, etc... ya que todas estas forman un todo, una disciplina que con el tiempo se debe transformar en un modo de vida.

La no violencia
¿Se perciben claramente las sensaciones y la tensión que se sienten cuando se piensa en un enfrentamiento de tipo físico con alguien?. Aún el conflicto verbal es muy desagradable. Se repele el conflicto sólo de pensar en él.

Las ideas incorrectas causan contradicciones en la vida porque llegan en un momento en el que se entiende que las cosas no son como se nos han enseñado. Por eso es necesaria la relajación y/o la meditación, para volverse cada vez más intuitivo. Si se aprende a confiar en los mensajes de la intuición, se evitará causarse daño y causarle daño a los demás. Causarte daño a sí mismo va, desde los excesos de todo tipo, hasta las tensiones y las presiones constantes. También se puede uno hacer daño mediante la crítica y la culpa. Sin embargo, cualquier forma de daño es innecesaria.

Si se desechan los pensamientos y las acciones perjudiciales, uno comienza a quererse y a respetarse más. Luego de que ocurra este cambio en nuestro interior, el segundo paso será extender esa autoestima hacia los demás volviéndose un ser compasivo hacia toda la vida que nos rodea. Al alcanzar este grado de sensibilidad, lo más probable es que uno se vuelva vegetariano. Después de dejar atrás el condicionamiento y abrirse a sentimientos más profundos, se descubre que toda vida es sagrada. No se debe temer abrir la mente y el corazón a la propia y natural gentileza.

Estar o Ser centrado
Estar centrado significa estar relajado física y mentalmente, emocionalmente en paz, espiritualmente alerta. Estar centrado requiere conocerse a sí mismo. Significa ser una persona espontánea y, por ende, impredecible. Pero no es suficiente estar relajado, en calma y alerta. Se necesita percibir el ritmo interno que de manera espontánea dirige las acciones y las reacciones. Tener confianza en la naturaleza le permite a uno funcionar como se debe, en cada situación.

Ni la mucha experiencia ni lo muy planificado puede brindar verdadera garantía de nada, así es que hay que ser espontáneo. Dejar que los esquemas mentales sobre la realidad se disuelvan, y sentir el sol en la cara, el viento en el pelo, el agua en el cuerpo, la tierra en los pies y la paz en el corazón.

Vaciarse
Hay que dejar que los pensamientos se aquieten, tal vez por medio de la meditación o caminatas por la montañas o un parque, para ayudar a que la ansiedad y la constante actividad vayan disminuyendo. Recordar que no se va a ningún lugar y que el futuro no existe. Lo real es el aquí y ahora, el eterno presente. ¿Cuál es el apuro?. Se busca la serenidad y la calma. Mientras más vacío y depurado se esté, más se percibirán los mensajes de la intuición que van llegando como llegan las olas del mar a la playa. La vacuidad, la tranquilidad, lo insaboro, el silencio y la no interferencia son las raíces de todas las cosas.

Desapego (clave de la libertad)
El universo se transforma constantemente. Resistirse al cambio es inútil y frustrante. Para vivir en armonía y sin esfuerzo se necesita fluir con los cambios que la vida presenta. La alternativa es el sufrimiento. El desapego ayuda a desechar toda la carga innecesaria, quedando uno libre para dejarse llevar. Los apegos afectan todo lo que se hace. Cualquiera que sea el apego, nos esclaviza.

Mientras más apego, más dependencia; mientras menos apego, más libertad. Es sencillo de decir pero difícil de llevar a cabo. Los apegos nos controlan. Nuestras ideas determinan quiénes son nuestros amigos, donde vivimos y todo lo demás que hacemos. Sólo cuando uno se suelta de lo que piensa que sabe y de lo que piensa que posee, cuando uno se deja llevar y se sintoniza con la fuerza, entonces comprende que vale más ser libre que estar apegado; de alguna manera, dependiente.

Tomar camino
El mejor camino (camino sagrado) es el que se toma con el objetivo de vencerse a uno mismo, para poder obtener la liberación. En la medida que uno se desprende de cosas y apegos, se vive menos preocupado y ansioso; al sentirse mejor se puede hacer sentir mejor a quienes nos rodean. Sin impulsos ni obsesiones, sin necesidades, sin atracciones, la vida está bajo control, y se es una persona libre.

Sabiduría intuitiva
Al dejarse llevar por la intuición, la vida será una aventura, prácticamente sin esfuerzo. El primer paso para permitir que la intuición dirija la vida es saber cómo utilizar la “lógica”. La llamada lógica sirve para hacer transacciones y trámites, utilizar un mapa y estudiar; o sea, operaciones que encajan dentro del sistema lineal y mecánico. En cambio, para las cosas verdaderamente importantes de la vida, se debe confiar en la intuición. Uno de los fracasos en el uso de la lógica, cuando vamos a tomar una decisión, es que ésta nunca tiene suficiente información para tomar la decisión correcta. La intuición sí la tiene. Por eso sí sería “lógico” guiarse por la intuición.

Cuando la parte consciente de la mente está relajada, puede abrirse a la intuición; pero cuando trata de controlar eso que se recibe intuitivamente, la conexión se rompe. De hecho, cada vez que conscientemente se trata de conducir la vida, de cualquier forma, la intuición se mantendrá dormida, silenciosa. La intuición constituye el canal directo del subconsciente, y el subconsciente es el que está conectado con todo, no tiene límites.

La Mente abierta
Mantener la mente abierta. La mayoría de la creencias que tenemos son meras ilusiones. Sin embargo, nos aferramos a ellas. Una actitud desapegada y receptiva es la condición necesaria para tener éxito en nuestra búsqueda. ¿Observamos la mente lo suficiente para darnos cuenta de la lucha y las contradicciones que ocurren dentro de ella?. Sólo con atención y honestidad nos damos cuenta de que dentro de nosotros existen opiniones e ideas encontradas sobre las situaciones más importantes de la vida. Y esto se debe a que no sabemos verdaderamente quién somos o quién no somos.

El universo, la naturaleza, la fuerza, no cesan en su eterna transformación. La meta es reconectarnos con ellos para poder desarrollarnos. Si la persona está llena de sí misma se le hace imposible reconectarse. Lo ideal es estar vacíos, ser humildes y receptivos, para que la energía universal pueda fluir. El compromiso de no seguir aferrados a concepciones dogmáticas es indispensable, ya que la fuerza cósmica sólo fluye y no se basa en dogmas. Hay que dejar de ver lo que se quiere ver, y comenzar a ver lo que verdaderamente es. Y checar el resultado.

El no yo es el verdadero “Yo”
Lo que llamamos “lo real” es muy relativo, ya que depende de cómo se vea o se perciba. Ninguna entidad en el universo existe independientemente porque todo es parte de todo. Lo que existe es la interrelación en donde todo existe en relación con todo lo demás. El yo separado es una invención, una fantasía. El no yo es lo verdadero, lo real. Lo único que nos queda por hacer es fluir con esa totalidad, con ese cosmos, como la gota de agua en un río.

Proyectándose
Nuestra forma de vida tiene que ver con la manera en que nos proyectamos a los demás. Las vibraciones, la energía, que emanan de uno son su proyección. Estas vibraciones no se ven pero se sienten. Por eso nos sentimos muy a gusto platicando, trabajando o conviviendo con ciertas personas y con otras nos sucede totalmente lo contrario. En el primer caso existe afinidad, en el segundo, rechazo. Este fenómeno tiene que ver con las vibraciones de cada persona. Para que exista compatibilidad tiene que haber una persona con vibración activa y otra pasiva, en alternancia; es el principio del Yin y el Yang. Es necesario que nuestra proyección influya positivamente a los demás.

Poder
La energía del universo. La depuración personal permite el flujo de esa energía a través de la unidad mente-cuerpo, sin esfuerzo. La cantidad de poder disponible en cada situación depende precisamente de cuán fácil pueda fluir la energía a través de cada uno y que no se utilice este poder con razones ego-istas. Si nos dejamos guiar por esta fuerza, con un espíritu no yoísta tendremos el poder y nada podrá hacernos daño. Para poder canalizar la fuerza que da el poder, se debe enfrentar cada situación sin premeditación, ya que cada una es diferente y amerita diferente tratamiento. Por eso, la no premeditación permite darle salida favorable a cada acontecimiento, permitiendo que se lleve a cabo, a través de uno, la acción o no acción necesaria.

Este poder universal (energía vital) es el que nutre y da vida a cada uno de nosotros. Se debe mostrar respeto a la Totalidad, por este regalo, utilizando el poder de una forma no egoísta, desinteresada. De este modo, uno descubre el bienestar personal.

Maestría
Para transitar el Camino, lo que más se necesita es la sensibilidad y la intuición, y muy poco el intelecto. La adquisición de sabiduría depende de un proceso de desaprendizaje que va siendo dirigido. Se van disipando las ilusiones y uno se va convirtiendo en un ser más natural y espontáneo, confiando cada vez más en la intuición. Se enseña más que con las palabras, con el ejemplo; vive libre y sin deseos, prácticamente sin necesidades, sin cosas que lo atraigan, con la vida en orden (orden natural), austero y sencillo. Enseña, con el ejemplo, la no violencia y el desapego.

lunes, 7 de enero de 2008

Karma

Karma, la ley infalible de la Retribución, es en suma, lo que nosotros llamamos más vagamente, y sin mucho creer en ella, la Justicia inmanente. Es una sombra demasiado vaga. Se manifiesta frecuentemente, es cierto, a continuación de actos monstruosos, de grandes vicios, de grandes desaciertos y de grandes iniquidades; pero tenemos, raramente ocasión de comprobar que trata de miles de pequeñas injusticias, crueldades, infamias, mezquindades y desconfianzas, de la existencia habitual, aunque el peso de estos yerros mezquinos y continuos, pudiese ser pesado como el de más ominoso crimen. En todo caso, su acción, siendo más esparcida, más difusa, más lenta y más a menudo moral que material, escapa, casi siempre, a nuestra observación.

Karma, es pues, la Justicia inmanente. Un Dios enorme e inevitable como el destino; que está en nosotros como nosotros en él; que está con nosotros; que no es otra cosa sino nosotros mismos; que es lo que somos, tanto como fue y será lo que nosotros mismos. Nosotros somos pequeños y efímeros y él es grande y eterno. Nada puede ignorar, puesto que ha tomado parte en todo lo que juzga; y no nos juzga desde el fondo de nuestra presente ignorancia, sino desde lo alto, desde la altura, de lo que aprendemos más adelante.

De acuerdo con uno de los postulados básicos de Karma, a la hora de nuestra muerte, la cuenta parece cerrada; más no es así; sino que está dormida y despertará. Tal vez dormiremos millares de años en un estado que prepara a una reencarnación nueva; pero al despertarnos encontraremos irrevocablemente totalizados en el activo y pasivo; y nuestra Karma prolongará simplemente la vida que habíamos dejado. Continuaremos siendo nosotros mismos y asistiendo al ensanchamiento de consecuencias de nuestras faltas y de nuestros méritos y viendo fructificar otras causas y otros efectos, hasta la consumación de los tiempos en que todo pensamiento nacido en esta tierra concluye por extinguirse.

Karma es la entidad que el ser humano forma por sus actos y sus pensamientos y que le sigue, o más bien, le envuelve. Los pensamientos construyen el carácter y las acciones su atmósfera. Sus cualidades y sus dones naturales se pliegan a él como resultado de sus ideas. Se encuentra envuelto en la tela que él mismo ha tejido. En tanto que los defectos llegan, le es posible modificarlos o devolverlos por fuerzas nuevas. Nada puede tocarle que no haya puesto en movimiento, ningún mal puede serle hecho que no haya merecido. Y en el desarrollo infinito de las eternidades, no encontrará nunca otro juez que sí mismo.

Nuestra preocupación es el acto y no sus resultados. Se debe ejecutar el acto en comunión con lo divino; o sea, viendo el Sí por doquier, renunciando a todo apego a las cosas; igualmente equilibrado entre los triunfos y los reveses. Es necesario ejecutar la acción conveniente, porque la obra es superior a la inercia y porque permaneciendo inactivo no mantendría ni siquiera la existencia del cuerpo. El mundo está sustentado por toda acción que no tiene más que sacrificio; es decir, el don voluntario de Sí, como objetivo; y en este don voluntario sin apego a las formas que el ser humano debe tener para ejecutar el acto. Es necesario ejecutar la acción con el fin único de servir a los demás. El que ve la inacción en el acto y la acción en la inacción, es un sabio entre los humanos; porque armoniza con los verdaderos principios, cualquiera que se el acto que ejecute. Una persona así, que haya abandonado todo interés en el fruto de la acción, siempre contento sin depender de nadie, aunque haciendo acciones, es como si nada hiciese, pero amerita mucho más. El sabio, pues, feliz de todo lo que le sucede, libre de contrariedades; sin envidias, ecuánime en el placer como en el dolor; en los buenos como en los malos éxitos, puede obrar sin estar ligados a nada; porque no estando apegado no importa a lo que sea, todos sus pensamientos impregnados de sabiduría y todos sus actos llenos de sacrificios son como evaporados.

Si todo se transforma, nada perece o nada se aniquila en un universo que no tiene la nada y en el que la nada permanece inconcebible. Lo que llamamos la nada no sería, pues, más que otro modo de existencia, de persistencia y de vida; y si no se puede admitir que el cuerpo, que sólo es materia, sea aniquilado en su sustancia, no es menos difícil aceptar que, si estuviese animado por un espíritu, lo que no es muy posible discutir, éste espíritu desaparecería sin dejar ninguna huella.

Tal vez con un poco de valor y de buena voluntad nos sería posible, desde esta existencia, mirar más alto y más lejos; despojarnos un instante de este estrecho y torpe egoísmo que viene hacia sí, y decirnos que la inteligencia y el bien de nuestros pensamientos y nuestros esfuerzos esparcen en las esferas espirituales, no está perdido enteramente aún cuando no sea seguro por el pequeño grupo de pequeñas costumbres y de medianos recuerdos de que gozamos exclusivamente. Si las buenas acciones que habíamos hecho, las intenciones o los pensamientos altos o simplemente honrados que hayamos tenido se adhieren y logran en una existencia en donde no reconozcamos la nuestra, no es suficiente razón para estimarlas inútiles y negarles todo valor. Concierne recordar, de paso, que no somos nada si no somos todo; y saber, desde ahora, interesarnos en alguna cosa que no sea únicamente nosotros mismos y en vivir la vida más vasta, menos personal, menos egoísta que bien pronto y sin asomo de duda, cualquiera que sea nuestra ley, será nuestra vida entera, la única que cuenta y la única a la cual sea sabio prepararnos.

Karma recompensa el bien y castiga el mal en la prosecución infinita de nuestras existencias. Pero, desde luego, se preguntará ¿cuál es este bien y cuál es este mal; cuál es el mejor o cuál es el peor de nuestros pequeños pensamientos, de nuestras pequeñas intenciones, de nuestras pequeñas acciones efímeras con relación a la inmensidad sin límites del tiempo y del espacio?. No hay desproporción absurda entre la enormidad del salario o del castigo y la exiguedad de la falta o del mérito?. ¿Por qué mezclar los mundos, los dioses, las eternidades con las cosas que monstruosos o admirables desde luego, no tardan aún en los irrisorios límites de nuestra existencia, en perder poco a poco toda la importancias que le concedemos y en borrarse y en desaparecer en el olvido?. Es cierto, más es preciso hablar de las cosas humanas, a los seres humanos, y en la escala humana. Lo que llamamos bien o mal es lo que nos hace bien o mal; lo que molesta o nos aprovecha a nosotros o a los demás y mientras que vivamos en esta tierra con la pena de desaparecer, nos será necesario darle una importancia que no tienen en ellos mismos. Las más altas religiones, las más profundas especulaciones.

Las más altas religiones, las más profundas especulaciones metafísicas, desde que se trata de moral, de evolución y de porvenir humanos, fueron obligadas siempre a reducirse a las proporciones humanas y convertirse en antropomorfas. Hay una necesidad irreductible en virtud de la cual y a pesar de los horizontes que se extienden a todas partes, conviene dirigir sus pensamientos y sus miradas.

En nuestra esfera, ¿qué es en suma este mal que castiga Karma?. Si se va la fondo de las cosas desde luego, el mal proviene siempre de un defecto de inteligencia, de un juicio erróneo, incompleto, oscurecido o limitado de nuestro egoísmo que no nos hace ver más que las ventajas próximas o inmediatas de un acto dañoso a nosotros mismos o a otros, ocultándonos las consecuencias lejanas pero inevitables que tal acto siempre acaba por engendrar. Toda la ética en último análisis, no se apoya más que sobre la inteligencia; y lo que nosotros llamamos corazón, sentimientos, carácter, no es en efecto más que la inteligencia acumulada, cristalizada, adquirida o heredada, convertida más o menos inconsciente y transformada en hábitos o instintos. El mal que hacemos, no lo hacemos más que por un egoísmo que se equivoca y que ve demasiado cerca de sí los límites de su ser. Así que la inteligencia alza el punto de vista de este egoísmo, se extienden los límites, se ensanchan y concluyen por desaparecer. El terrible, el insaciable yo que nos oculta la cara del abismo pierde su centro de atracción y de avidez se reconoce, se encuentra nuevamente y se ama en todas las cosas. No creamos ciegamente en la inteligencia de los perversos que triunfan, ni en la felicidad que se cree hallar en el crimen. Habría que ver el reverso; o sea, la realidad a menudo dolorosa de tales éxitos; y porque además, esta inteligencia, bajo la forma de habilidad, de maña, de deslealtad, es la inteligencia especializada, canalizada y llevada por un estrecho circuito y como un chorro de agua comprimida, muy poderoso sobre determinado punto; más de ningún modo la inteligencia verdadera y general, grande y generosa. Desde que esta se descubre, hay necesariamente honradez, justicia, indulgencia, amor y bondad, porque hay horizonte, altitud, expansión, plenitud; porque hay conocimiento instintivo o consciente de las proporciones humanas, de la eternidad de la existencia y de la brevedad de la vida; de la situación del ser humano en el universo, de los misterios que lo envuelvan y de los lazos secretos que lo retienen a todo lo que no vemos en la tierra y en los cielos.

La falta de inteligencia es el mal real sobre la tierra; y si todos los seres humanos fuesen soberanamente inteligentes, ya no habría desgraciados. Karma no castiga; simplemente nos pone cerca de nuestras existencias y ensueños sucesivos al plan en que nuestra inteligencia nos había dejado, rodeados de nuestros actos y de nuestros pensamientos. Porque comprueba y registra, nos toma tal y como hemos sido hechos, nos da la ocasión para rehacernos, de adquirir lo que nos falta y de elevarnos tan altos como los más altos. Por supuesto que nos elevaremos forzosamente, pero la actividad o lentitud con que lo hagamos, depende absolutamente de nosotros. Una ley creciente, la evolución, que es la ley fundamental de todas las existencias que conocemos desde el infusorio hasta los astros. Alguna cosa no puede ser más que a condición de hacerse mejor o peor, de subir o de bajar; de componerse o descomponerse y que el movimiento es más esencial que el ser o la sustancia. Y esto es así porque así es. No hay nada que hacer, nada que decir, sino únicamente que comprobar.

viernes, 28 de diciembre de 2007

"¡¡Adiós 2007!!. Y gracias por tu ayuda. Espero que 2008 será tan bueno para mí como lo fuiste tú.

No aparezco en las listas de la gente famosa pero sí en la lista de los que aún siguen vivos, lo cual es más importante. Quiero agradecerte por ello, 2007; podría tan fácilmente haber sido una historia muy diferente.

¿Tienes alguna influencia sobre 2008?... ¡Ejércela!, ¡Bien!. Y, por favor, hazme un favor más y pídele que me otorgue las mismas oportunidades. Sabes que probablemente enfrentaré momentos difíciles, que mi salud y mi estabilidad podrían sufrir alteraciones, que mis finanzas y proyectos podrían padecer pérdidas, que mis seres queridos podrían alejarse y que mi paz interior podría romperse en algún momento del 2008; así que pídele que mantenga mi suerte calientita, lista, a fuego lento, hasta que la necesite.

Nuevamente, 2007, ¡gracias por tu ayuda!. Que Dios te bendiga, año 2007.”

Reciban mi abrazo, mi saludo cordial y mis mejores deseos para todos ustedes en este 2008.

lunes, 17 de diciembre de 2007

La gran revelación

Desesperamos por llegar a conocer el origen del universo, su fin, sus leyes y sus intenciones, y concluimos por dudar que las haya. Más sabio sería decirnos humildemente que aún no estamos en aptitud de concebir tales ideas. Es probable que si mañana se nos entregase la clave del enigma, nos sucedería lo que a un perro al que se le enseña la llave de un reloj de la que no comprenderá su uso. Revelándonos su gran secreto, no nos enseñaría gran cosa; o al menos, tal revelación, no tendría más que una influencia insignificante en nuestra vida y en nuestra moral; en nuestra felicidad, esfuerzos y esperanzas, porque al extender sus alas se cernería a tal altura que nadie la percibiría y sólo despejaría el cielo de nuestras ilusiones religiosas dejando en su lugar el vacío infinito del éter.

Por lo demás, nadie ha dicho que no seamos poseedores de esa revelación, porque es posible que las religiones de los pueblos desaparecidos, como Lemures, Atlántida y otros más la hayan conocido; y que nosotros descubramos los escombros en las tradiciones esotéricas llegadas a nuestro conocimiento. En efecto, no hay que olvidar, que al lado de la historia secreta de la humanidad que saca la sustancia de sus leyendas, de los mitos jeroglíficos y monumentos extraños; de escritos misteriosos y del sentido oculto de los libros primitivos. Es muy seguro que si la imaginación de los intérpretes de esta historia oculta es a menudo atrevida, todo lo que afirman no es desdeñable y merece ser examinado más seriamente de lo que ha sido hasta ahora.

Los iniciados siempre han considerado cada continente como un ser sometido a las mismas leyes que el ser humano. Para ellos, los minerales constituyen la osamenta; la flor, la carne; la fauna, las células nerviosas; y las razas humanas, la sustancia gris del cerebro. Este continente no sería más que un órgano de la Tierra del que cada ser humano sería una célula pensante y de los que la totalización de los pensamientos humanos expresarían el pensamiento general. La Tierra misma, no sería más que un órgano del sistema solar considerado a su vez como individuo, y nuestro sistema solar también no sería más que un órgano de otro ser del infinito, del que la estrella Alfa de la constelación de Aries vendría a ser el corazón. En fin, por una síntesis última, se llega al Cosmos, que expresa la totalización general de todo, en un ser del que el cuerpo es el mundo; y el pensamiento, la inteligencia universal, divinizada por la religiones.

La evolución universal es una cadena sin principio ni fin, en la que desaparecen los eslabones, uno a uno, en el campo de nuestra conciencia. No hay muerte ni disolución, más que desde el punto de vista individual. La oscuridad es la recompensa de la luz; la tarde compensa la mañana; la vejez es el precio de la juventud; y la muerte es el reverso de la vida. En realidad, sin embargo, toda evolución es continua al mismo tiempo que interrumpida. Es el acceso directo a la ley del Karma, la más admirable entre los descubrimientos morales, porque representa la libertad abstracta; y basta para libertar la voluntad humana de todo ser superior y del infinito. Somos nuestros propios creadores y únicos señores de nuestro destino: nadie más que nosotros se recompensa o se castiga; no hay pecado sino solamente consecuencias; no hay moral, sino únicamente responsabilidades. En virtud de esta ley soberana, el individuo debe renacer para cosechar lo que ha sembrado.

Las revelaciones de los libros sagrados de las culturas ancestrales, sean verdad indiscutible y científicamente comprobada por nuestras investigaciones, o que una comunicación interplanetaria o una declaración de un ser sobrehumano no permita dudar más de su autenticidad, ¿qué influencia tendrían en nuestra vida semejantes revelaciones?. ¿Qué transformarían, qué elemento nuevo traerían a nuestra moral y a nuestra dicha?. Muy poca cosa, sin duda, porque pasarán muy alto y no descenderían hasta nosotros, ni nos tocarán; nos perderemos en su inmensidad y, en el fondo, sabiéndolo todo; no seremos ni más felices ni más sabios que cuando nada sabíamos.

No saber a qué ha venido a la Tierra, he aquí la preocupación constante del ser humano. Y lo más probable es que la verdad real del inverso, si la llegamos a saber algún día, será tan parecida a alguna de las revelaciones que, pareciendo enseñarnos todo, no nos enseñan nada. Tendrá al menos todo el carácter humano. Necesitará ser tan ilimitada en el tiempo como en el espacio, tan común y tan extraña a nuestro sentido como a nuestro cerebro. Cuanto más inmensa y alta sea la revelación, tanto más será ocasionada a ser cierta; mas cuánto más se aleje de nosotros, tanto menos interesará. Nosotros ni siquiera podemos salir de este dilema: las revelaciones, las explicaciones o las interpretaciones muy pequeñas tampoco satisfarán porque las consideraremos insuficientes; y las que fueren muy grandes pasarán muy lejos de nosotros para atestiguarlas y alcanzarlas.

Todos sabemos que vivimos en el infinito; pero para nosotros este infinito no es más que una palabra seca y desnuda, un vacío negro e inhabitable, una abstracción sin forma; una expresión muerta que nuestra imaginación no reanima un momento, sino al precio de un esfuerzo agotante, solitario, inútil e infructuoso. De hecho, nos hemos estancado en nuestro mundo terrestre y en nuestros pequeños tiempos históricos, y cuando más levantamos los ojos hacia los planetas de nuestro sistema solar y ponemos nuestro pensamiento de antemano decepcionado, hasta las épocas nebulosas que precedieron la aparición del ser humano sobre la Tierra. De repente volteamos y deliberadamente tornamos sobre nosotros mismos toda la actividad de nuestra inteligencia y por una desgraciada ilusión óptica, cuanto más pierde su campo de acción, más creemos que lo profundiza. Nuestros pensadores y nuestros filósofos, temerosos de extraviarse como sus predecesores, no se interesan más que en los aspectos, en los problemas, en los secretos menos discutibles, pero si son los menos discutibles también, son los menos elevados y el ser humano se convierte en objeto de sus estudios, pero sólo como animal terrestre.

Hay una multitud de iluminados, más o menos inteligentes, las jóvenes y las señoras grandes desequilibradas; los ingenuos que adoptan por anticipado y ciegamente lo que no comprenden; los descontentos, los guasones, los vanidosos, los ingeniosos que pescan a río revuelto; y en una palabra, toda la turba que se aglomera alrededor de toda doctrina, de toda ciencia, de todo fenómeno un poco misterioso, para desacreditar las primeras interpretaciones esotéricas, cuyo origen también, no está muy claro.

En el fondo, no estamos aclarando el enigma del misterio primordial, todo lo demás no se aclara más que por grados que parten del conocimiento relativo a la ignorancia absoluta. Es probable que será lo mismo para todas las revelaciones que se dirijan a la inteligencia humana mientras que viva sobre este planeta, porque la inteligencia tiene límites que ningún esfuerzo podrá traspasar. Mientras tanto, es cierto que estos grados, que no conducen a nada, en verdad lo han colmado y, desde los primeros días, conducido al más alto punto que haya esperado, y que pueda esperar alcanzar. La más antigua explicación abraza desde el primer golpe todos los ensayos de explicaciones propuestas hasta ahora. Concilia el positivismo científico con el idealismo más trascendental; admite la materia y el espíritu, concede la impulsión mecánica de los átomos y de los mundos con su dirección inteligente. Nos da una divinidad incondicional, acusa sin causa de todas las cosas, digna del universo, que ella misma es y de las que la ha sucedido en todas nuestras religiones, no son más que miembros esparcidos, mutilados y desconocidos. Ella nos ofrece, por fin, a través de su ley de Karma, en virtud de la cual cada ser lleva en sus vidas sucesivas las consecuencias de sus actos y se purifica poco a poco; el principio moral más alto, el más justo, el más invulnerable, el más fecundo, el más consolador y el más lleno de esperanzas que sea posible proponer al ser humano. Por cuya razón parece que todo amerita que se le examine, que se le respete y que se le admire.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Apuesta por la Felicidad

¿Se puede partir de cero después de haber invertido en una vivencia mucho tiempo, recursos, energía, expectativas y emociones?. Sí, sí se puede; y además, se debe. El mundo tiene muchas voces y el alma tiene sus horas y momentos para cada cosa. En la vida, se da y se toma, se pelea y se disfruta, se ríe y se llora; y todo debe ser registrado. La existencia es producto de los valores y no de los sentimientos; es decir, es resultado de la responsabilidad personal y de las actitudes. Por eso es que se deben subordinar las emociones a la inteligencia.

Realizar pruebas piloto, a la hora de vivir, permite pequeños fracasos. Nuestra mayor debilidad consiste en rendirnos y la manera más segura de triunfar es tratar, siempre, sólo una vez más. La mayor experiencia espiritual de que somos capaces los seres humanos es siempre una reconciliación entre la razón y el respeto, un reconocimiento profundo de igualdad entre las grandes contradicciones. La acción y el cambio ocurren exclusivamente en el ser humano, y no pueden tener lugar con ayuda de teoremas, sino mediante la propia experiencia. Encarar la vida, tal cual es, es un buen camino para medir la propia personalidad y darse cuenta de las propias capacidades. Porque ante lo inevitable, están los valores de actitud. A todos nos toca experimentar etapas de vivir y etapas de sobrevivir.

Y aunque en el mundo actual reina una extraña confusión, una preocupación es como un sentido nuevo que se abre en nuestro espíritu y que nos permite percibir mil cosas, ignoradas para quien pasa distraído al lado del problema que nos obsesiona. Hay que aprender a apreciar las partes que la vida nos muestra; y, si es posible, apreciar el todo. En el momento en que uno comprende la conciencia, ésta surge. La ecuanimidad es la aceptación voluntaria de las cosas que nos son asignadas por la naturaleza global.

No podemos tener miedo a apostar por nuestra felicidad. Siempre se debe enriquecer nuestra propia verdad, porque hasta que la mente no sepa lo que es la felicidad, no podrá plantear objetivos claros. La felicidad es lo único que permite tener objetivos claros, y eso sólo se logra venciendo la negatividad.

Pero como la gente, en lugar de aprender de los golpes, llora por los golpes, nunca aprender a crecer. Sin embargo, ¿por qué, si en un momento se produce la desesperación, no debe darse en un momento la alegría?. Comprender esto nos debe permitir vivir abiertos a todas las posibilidades. Esta conciencia genera e impulsa nuestro optimismo: la búsqueda de lo óptimo, de lo mejor, del desarrollo.

Uno tiene que saber quién es para poder construir; encontrar la esencia de nuestra vida para saber dirigir nuestros propios proyectos. Existe una actitud que consiste en descubrir en cada instante muchos aspectos de los objetos, lugares, personas y experiencias conocidas, en lugar de tenerlas por consabidas y de que la vista los relegue a la condición neutral; este hecho, esta actitud, se llama interiorizarse en las cosas y es una tarea de amor puro.

El espíritu, lo que es el espíritu, es como la luz; tan tranquilo y sensible, tan elástico y penetrante, tan poderoso e imperceptiblemente activo como este precioso elemento lumínico que se reparte sobre todas las cosas en la justa y exacta medida, y que las hace aparecer a todos con una encantadora variedad.

No debemos temer ni creer ilícito nada de lo que nuestra alma desea de nosotros. Nunca se debe perder la confianza en la vida; ella sabe lo que hace. Pero se necesita serenidad; es decir, control de las propias emociones. No es algo que esté fuera de nuestro control. Creo en el amor, en la paz, en el pensamiento positivo. Mientras hay vida hay esperanza. En mi caso, nacida del amor, la tristeza y los presentimientos, creció la conciencia.

martes, 20 de noviembre de 2007

La Responsabilidad y la Culpa

Toda la gente tiene su secreta desventura. Todos poseemos demonios en nuestra forma de ser y algunas veces debemos esforzarnos para obtener lo mejor de ellos; por eso creo que lo más importante es recordar que nadie escapa al hecho de equivocarse de vez en cuando y que lo esencial es aprender de los errores y buscar siempre la alternativa más positiva.

Si cometí un error, mi vida no se destruye; solamente pago consecuencias y sigo adelante. Pese a todo, hay que reponerse y reeducar a los sentidos liberando al instinto y aprendiendo a escuchar aún a sus sugerencias más sutiles. Esta transformación no deja de ser dolorosa, cruel y destructiva de nuestra piedad y ternura para con nosotros mismos, aunque a la larga fortalece al ánimo y a la voluntad.

El temperamento más firmemente forjado surge de las experiencias más bruscas. Y si sacas tu propia fuerza, sin necesariamente perder contacto con tus semejantes, te fortaleces y sacas provecho de cada dificultad; creces un poco más. Porque sólo está perdido quien se da a sí mismo por perdido. Quien se abandona se abate más fácilmente; mientras que quien se esfuerza en mantener la propia personalidad puede soportar mejor las incomodidades y los dolores. Uno gana experiencia con cada nueva vivencia.

La resurrección eficaz y duradera es la renovación. Por eso perduran los que aprovechan el exilio en su propio interior para incubar una ideología nueva, en la que el pasado ha sido digerido y rehecho en formas distintas y generosas. Y es que la vida comienza todos los días y tiene muchas maneras de interpretarse; una de ellas es la responsabilidad, que es la capacidad de dar respuesta a todas las situaciones.

Siempre es mejor una actitud de comprensión y entendimiento, en lugar del juicio. Se trata de vivir en el presente, no en el pasado. Ver la realidad y no el juicio. Ésta es la diferencia entre la responsabilidad y la culpa. De este modo, se está siempre en paz, porque se es responsable, se es consciente de los hechos y las situaciones. La persona culpable no se siente responsable. La persona responsable no se siente culpable.